Pablo Milanés ofrece una inolvidable “Yolanda” con Lucecita Benítez

Lunes, 24 Marzo 2014 - 11:15am
Por: 
Nelson del Castillo
Fotos: 

Inter News Service

Lucecita Benítez y Pablo Milanés desbordaron el escenario de la Sala de Festivales del Centro de Bellas Artes de San Juan.

Durante dos esplendorosas noches, tras cinco años de ausencia, el cantautor cubano Pablo Milanés colmó las ansias del público puertorriqueño que anhelaba este reencuentro que se produjo en el Centro de Bellas Artes de San Juan, y que en la velada sabatina tuvo como ingrediente extraordinario la presencia de la voz inigualable de la puertorriqueña Lucecita Benítez, con la que interpretó de forma inolvidable “Yolanda”. “Encantado de estar en este país, tan amado por mi y por todos los cubanos”, expresó el aclamado intérprete antes de dar paso a “En paz”, del poeta modernista mexicano Amado Nervo, que musicalizó para incluirlo en su nueva producción discográfica “Renacimiento”.

Durante ambos conciertos, Milanés proporcionó un ambiente de plena placidez a su público que, curiosamente, tuvo un comportamiento muy similar al aplaudirle de pie con su sola aparición en la Sala de Festivales del Centro de Bellas Artes y en cuanto a reaccionar a sus canciones o unirse a sus interpretaciones, aunque en la noche del sábado resultó más efusivo a juzgar por las veces que se levantó de sus asientos para aplaudirlo.

Con un repertorio que redondeó el viernes 25 canciones y al otro día 24, ya que dejó fuera “Yo no te pido”, el cantautor cubano hizo un recorrido inicial por su nueva producción, que incluye “Apocalipsis”, tema muy aplaudido referente a aquellos desaciertos que se hicieron de las predicciones mayas con relación al año 2012, cuando “muchos se arrepintieron de su pasado y otros se entregaron al amor”. Durante su concierto, acompañado de seis extraordinarios músicos bajo la dirección del pianista Miguel Núñez, Pablo Milanés resaltó aquellos ritmos cubanos relegados por el tiempo, como el changüí, el danzón, la guajira y el son, además de la conga y más vigente guaguancó, a los que ofrece una especie de homenaje en las diez canciones que reúne en “Renacimiento”. “Dulces recuerdos”, una conga, que describió como uno de los ritmos más populares de Cuba que “la usaban los políticos porque es muy pegajosa, sirvió para rememorar su experiencia en abril de 1977 en Madrid, cuando se produjo la legalización del Partido Comunista de España y “las calles se llenaban de consignas que gritaban libertad”; “Los males del silencio”, canción que, advirtió, se explica por sí sola, y “Homenaje al changüí”, ritmo originario de Guantánamo, en la zona oriental, que “está prácticamente olvidado, que es como el son pero tiene magia propia”, estuvieron incluidos en su repertorio.

Con igual éxtasis, y en ocasiones profunda melancolía, el público asistió a la interpretaciones de “Lamento”, “Canto a La Habana”, “Amor de otoño” y “El otoño del amor”, esta dos últimas que describió como “una canción de amor y otra de desamor”, con lo que cerró las referentes a su nueva producción “Renacimiento” para dar paso a temas como “Si ella me faltara”, recibida con aplausos y expresiones de aprobación, “Los días de gloria”, “Saco roto” y “Plegaria”. “Canción”, del poeta nacional cubano Nicolás Guillén que en la voz de Pablo Milanés el público aplaude por sus versos como “De qué callada manera”; “Nostalgia”, “Los momentos”, del chileno Eduardo Gatti con su carga de crítica, hasta “El tiempo el implacable”, en tiempo de guaguancó más rápido, sumaron nuevos aplausos junto con “Matinal”, en el que Dagoberto González hizo filigrana en el violín, y “Años”. “Voy a tener el honor de presentar a esta mujer extraordinaria”, expresó Pablo Milanés entre otros elogios antes de pronunciar el nombre de Lucecita Benítez, quien entró al escenario bañada por el aplaudo del público puesto de pie, para de inmediato ambos comenzar a cantar “Yolanda”, momento que alcanzó niveles que dejó al auditorio extasiado. La noche anterior el público la coreó, pero esta vez no hubo margen para ello ante las dos gigantescas figuras de Lucecita y Milanés, que desbordaron el escenario con su encanto y sus voces, originando al final gritos de “¡bravo!” y el aplaudo prolongado de pie. El cierre, después de este clímax lo trajo “El breve espacio” que, como en la noche anterior, maravilló como si se tratara de una recién descubierta pieza.